Prevenga y trate la disfunción eréctil

La impotencia, o la disfunción eréctil, es un problema común, que afecta a aproximadamente al 20% de los varones (1 de cada 5).
La mayoría de los casos de impotencia (70-80 %) están asociados con alteraciones físicas y no psicológicas. La impotencia se puede producir por alteración de uno o varios de los tres mecanismos responsables de la erección: bloqueo de las arterias; incapacidad de los vasos sanguíneos dentro del pene para almacenar la sangre; o daño en los nervios del pene o del área pelviana. También pueden ser responsables de otras disfunciones fisiológicas, como bajos niveles de hormona masculina (testosterona).
La impotencia puede ser una señal de alarma de enfermedades del corazón. Es un problema que puede presentarse a cualquier edad aunque es más frecuente a partir de los 40 años.
La sexualidad en el hombre es un aspecto fundamental de la vida y los problemas de la sexualidad pueden afectar seriamente a las relaciones profesionales y de pareja.
¿Qué es la impotencia o la disfunción eréctil?
La impotencia es la incapacidad para mantener la erección lo suficientemente rígida para permitir una relación sexual satisfactoria.
¿Es muy común la impotencia?
Todos los hombres pueden tener problemas para alcanzar la erección en algún momento de sus vidas, especialmente cuando están cansados, sufren estrés o están bajo los efectos del alcohol o padecen una enfermedad grave.
En nuestro país, la impotencia o disfunción eréctil afecta al 19% de los hombres entre 25 y 70 años. Esto supone que más de dos millones de españoles presentan impotencia.
La frecuencia de la disfunción eréctil aumenta con la edad y afecta al 14% de los varones de 40 a 49 años, al 25% de hombres de 50 a 59 y al 49% de 60 a 69 años.
¿Por qué se produce la impotencia?
El pene consiste en dos columnas de tejido eréctil que se denominan cuerpos cavernosos (producen la erección) y un conducto (uretra) por donde sale la orina. (Figura 1). Durante la erección, este tejido eréctil se rellena de sangre, el pene aumenta de tamaño y se vuelve rígido.

En los cuerpos cavernosos existen unas cavidades que se llaman sinusoides y en flaccidez están vacíos. Cuando se produce la erección, llega gran cantidad de sangre a los cuerpos cavernosos y estas sinusoides se relajan y almacenan la sangre. Una adecuada entrada y almacenamiento de sangre produce el aumento del tamaño y la rigidez del pene. (Figura 2). Si la sangre no entra correctamente, o bien se escapa de los sinusoides, entonces se produce una dificultad para lograr y/o mantener la rigidez.

La disfunción eréctil puede ser orgánica (origen físico) o psicológica (origen psicológico).
La impotencia orgánica es la más frecuente y se produce por un trastorno del pene o de los mecanismos relacionados con la erección. Existen varios tipos de disfunción eréctil orgánica:
Vascular
Es muy común. Se produce cuando llega poca sangre al pene o no se retiene adecuadamente dentro de los cuerpos cavernosos, originándose un escape de sangre y un descenso brusco de la erección.
Las causas más frecuentes de impotencia vascular son: diabetes, hipertensión, aumento del colesterol, tabaquismo, y enfermedades cardiovasculares.
Neurológica
Cuando existen problemas en la transmisión de órdenes que el cerebro y la médula espinal envía al pene, a través de los nervios erectores, para que se produzca una erección.
Producen este tipo de impotencia la diabetes, las enfermedades de la médula y las cirugías realizadas por cáncer de próstata, vejiga y recto (lesión de nervios erectores).
Hormonal
Cuando el organismo produce menos hormona masculina (testosterona) de la que se necesita.
Por medicamentos
Muchos medicamentos que se usan para el tratamiento de enfermedades como la hipertensión o la depresión pueden afectar a la función eréctil.
Psicológica
En estos casos el mecanismo peneano de la rigidez es normal, pero la erección se ve dificultada por problemas psicológicos que pueden deberse a simple ansiedad (miedo a no conseguir una erección), problemas de pareja, depresión u otros problemas psicológicos. El estrés de cualquier tipo puede afectar al acto sexual.
